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dibujos

#ThursdayDraw I

Ayer @oomeo40504 propuso que utilizáramos un hashtag en twitter llamado #thursdaydraw, la idea obviamente es subir un dibujo cada jueves como avatar de twitter o a alguna página como flickr o img.ly, yo he decidido colocarlo en mi blog y con esto obligarme de cierta forma a cada jueves compartir un dibujo. Creo que será una buena “terapia”. He aquí mi primer #ThursdayDraw (dibujo que hice hace algunos días).

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Sofia (I)

sofia

El sol comenzó a colarse por la ventana. Al parecer en la noche no había cerrado por completo las cortinas. Sintió que algo le hería los párpados y con la mano derecha se frotó los ojos. Con pesadez miró a su alrededor y con los ojos entreabiertos detalló el cuarto, dejó escapar un gemido de odio y de un tirón acomodó la cortina para quedar nuevamente a oscuras. Escondió su cara entre sus manos. La noche había sido terrible, normalmente lo es cuando se va a la cama pensando en el mundo que tiene y el que no tiene pero que quiere. Esas noches suele soñar con persecuciones, engaños y muertes. Había dormido con muchas almohadas, torcida y con la boca abierta, tenía uno de sus cachetes pegajoso. Su cabello se asemejaba a un nido de pájaros abandonado, seguramente por las incontables veces que se retorció sobre el colchón.

El dolor de garganta se hacia más fuerte con cada trago de saliva tóxica, y a pesar del mal sabor en la boca tenía pocas ganas de dejar su horrible estado. Sintió una punzada en la cabeza que la obligó a abandonar ese limbo típico donde se esta despierto pero se sigue dormido. Con mas fuerza restregó sus ojos casi llegando al punto del daño y en el proceso recordó súbitamente que ese día era su cumpleaños. Respiró profundamente y con resignación. Estiró el brazo para tocar la almohada que estaba a su izquierda pero la encontró fría. Recordó de inmediato que su esposo había salido de viaje sin aclararle motivos. La duda, la que siempre había tenido, la invadió.

Fijó su vista en una de las aspas del ventilador del techo, cayó en un estado hipnótico aderezado por el ruido del reloj del pasillo. Estuvo paralizada por unos tres minutos, ejerciendo una de sus manías preferidas: morderse los labios hasta sangrar. La sangre comenzó a fluir y el sabor la hizo sonreír, pero este placer duró sólo un respiro, pues la imagen de la sorpresa que seguramente le esperaba esa tarde la golpeó.

El problema de las malas sorpresas es la angustia que generan. Sofía ese día estaba cumpliendo 30 años y sabía que probablemente al regresar a casa se encontraría con sus amigos y familiares al encender las luces de la sala. Era una sorpresa casi anunciada. Claro, no estaba segura del todo, pero ciertos movimientos y preguntas al azar sobre sus deseos para ese día la habían alertado. Obviamente había dado respuestas esperadas: “no espero hacer nada especial”, “me gustaría cenar con mi esposo”, “¿regalos? no te preocupes por ningún regalo, me basta con tu llamada ese día”…

Todo concordaba, excepto la ausencia de su marido ¿Por qué saldría de viaje si sólo faltaban dos días para su cumpleaños? El nunca había sido un hombre de reuniones, o al menos no de reuniones donde se encontrara ella, y mucho menos reuniones donde ella fuera el centro de atención, así que que él se prestara a aparecer de la nada era más que sospechoso, era imposible. Semejantes muestras de cariño no estaban programadas en él. La imagen de verlo sujetando una torta con la pesadilla de 30 velitas era simplemente irrisoria. Por otro lado, si no era eso, su ausencia sólo podía significar la confirmación de sus temores: la poca relevancia que ella tenía para él finalmente se había extinguido.

La tristeza se apodero de ella. Imaginó en efecto llegar a casa, y con esfuerzo abrir la puerta por el temor que le causaban las celebraciones, pero este temor era infantil si lo compraba con el temor de no verlo ahí. Se imaginó buscándolo con desesperación entre el grupo, se vio a sí misma afilando la vista sin hallarlo y fingiendo cara de alegría por la presencia del resto. Pero lo único que importaría sería su ausencia. Su mente era su peor verdugo, la facilidad con que imaginaba escenarios dolorosos rayaba en el masoquismo. Finalmente estalló en lágrimas que no tenían fácil explicación.

La mezcla de lágrimas y saliva en su cara era asquerosa. Pensó que en su estado le provocaría lástima a su familia y desprecio a su esposo. Encontró fuerzas para salir de la cama, con dificultad se enderezó. Por un rato se quedó sentada al borde, con la vista perdida al frente, tratando de meterse en un cuadro de ruinas que tenía en su habitación. La penumbra no la dejaba ver en detalle la pintura, veía algunos rasgos, pero la conocía de memoria. Soñó por un momento con estar ahí, teniéndo una vida excitante entre hallazgos. Bajó la vista y volvió a divagar viendo sus pies descalzos sobre las pantuflas. Quedó en blanco. Se paró y con el dolor de espalda cada vez mas intenso se arrastró al baño. Era un baño hermoso y amplio, con grandes espejos y un ventanal. Tenían una tina antigua, tan blanca que molestaba a la vista. Esa tina guardaba lejanos recuerdos de noches apasionadas, noches donde el agua olía a whisky… ya de esas noches quedaba muy poco, estas habían sido suplantadas por noches tormentosas, noches donde era normal que Sofia se desnudara y se sentara en el medio de la tina con las piernas recogidas abrazando a sus muslos, con la cara pegada a ellos, llorando mientas el agua corría… y a veces corría hasta desbordarse sin que ella lo notara.

Una vez dentro del baño empezó a preparar la tina, quería pasar al menos una hora dentro de ella y bañarse con esencia de vainilla. Mientras el agua caliente iba mezclandose con la esencia ella se acercó al lavamanos para lavar su boca, el sabor le era insoportable. Con esfuerzo lo hizo sin mirarse en el espejo, sabía que detestaría su propia imagen. Finalmente se miró y se horrorizó. Entre ojeras y lagañas, entre pelusas en el cabello e hinchazón en el cuello se sintió destruida. Su cumpleaños número treinta no había empezado bien, de hecho, iba empeorando poco a poco. La transformación no se sintió vertiginosa pero si contundente.
Cerró los ojos con fuerza, no quería seguir viendo su triste reflejo. Apretó todos los músculos de su cara y cuello, apretó las mandíbulas buscando en su interior algo que la hiciera sentir mejor, entonces, exhaló con lentitud y evitando verse nuevamente tomó agua con las palmas de sus manos y mojó su rostro, hizo esto un par de veces más. Alzó la vista y sintió al verse que su aspecto había mejorado un poco. Mientras con la mano derecha cerraba la llave, con la izquierda se acariciaba el cuello y miró fijamente sus labios, encontró muy atractivo el hecho de que estuvieran partidos y que tuvieran una gran gota de sangre seca sobre ellos. Mordió de nuevo el lugar herido y apareció sangre fresca la cual esparció con los dedo índice y corazón… ahora tenía los labios rojos sangre. Esta vez se había hecho un daño real. Nuevamente el sabor a sangre le produjo una sonrisa.

De mejor ánimo se metió en la tina a medio llenar aún. Se disfrutó. Disfrutó que el agua abrazara su cuerpo. Recorrió sus piernas con la esponja y de tanto en tanto acercaba sus muslos a su nariz, le maravillaba el olor. Mojó su cabello, los dedos no corrían entre el por los múltiples nudos. Se llenó la palma de la mano con acondicionador, lo restregó en la maraña de pelos y con un cepillo intento desenredarlo. Se recostó en la tina y aún con la llave abierta saliendo agua caliente pegó sus pies de ella y jugueteó con sus dedos. Por un rato sus problemas habían desaparecido, por un rato había dejado de sentir temor. Por un rato fue libre, aunque sin conciencia la libertad no es plena, es la misma libertad que puede sentir un animal… realmente poco le importa porque no la comprende. Sofía no comprendía la libertad que momentos de calma le ofrecían, subestimaba estos momentos.

Ya cuando los dedos de sus pies y manos parecian los de una persona de 90 años decidió salir. Esa era su medida infantil. Tuvo un bonito recuerdo. Recordó cuando su abuela la dejaba jugar durante el baño, la medida siempre era esa. La abuela aparecia y le decia “Sofi, es hora de salir”, “aún no por favor” a lo que la abuelita siempre le contestaba “dejame verte las manos”, si estas estaban arrugadas ya era hora de salir sin importa lo que Sofía dijera.

Más fresca y sin pensamientos demasiado elaborados Sofía se sintió estable. Parada esperando a que el aire la secara pensó en la ropa que usaría ese día. Su pensamiento se vio turbado por el timbre del teléfono. El corazón se le oprimió pues quizás se trataría de él. Sin ropa y aún mojada corrió hacía el aparato, al llegar a él, hizo una pausa, respiro dos veces y atendió de la mejor forma posible fingiendo estar recién despertada. La decepción la tocó rápidamente, se trataba de su mejor amigo.

Una mujer que espera y que no recibe es un problema. Empieza a imaginar cosas, empieza a tramar. Al colgar el teléfono Sofía comenzó a gritar desesperadamente, arrancó el cable de la pared, no quería recibir más llamadas. Aún sin vestirse se sentó frente a la computadora esperando encontrar un e-mail o al menos una tarjeta electrónica ridícula de parte de su esposo. No consiguió nada. Se enfureció y busco su móvil con la esperanza de que este hubiese estado en silencio y por lo tanto encontrar unas 5 llamadas perdidas. No encontró absolutamente nada, ni un mensaje de texto. Empezó a sentir ese dolor en el pecho que la estaba preocupando desde sus tempranos veintes, siempre que se molestaba pensaba que iba a dejar de respirar. Con locura empezó a mirar a su alrededor y se percató de lo que estaba haciendo. Estaba desnuda, sola, y actuando como una demente. Tomó nuevamente su móvil y decidió llamarlo, pero claro, encontró una voz robótica que le decía “el número al que ha llamado no se encuentra disponible o esta fuera del área de cobertura en este momento, por favor inténtelo de nuevo mas tarde”. Sofía se sintió abandonada, quizás vendida como desperdicio, pero no lloró, en menos de dos horas ya había llorado demasiado.

Fue a su armario y encontró un vestido café, era de una tela muy suave, incluso provocativa. Era un vestido ajustado, cuatro dedos por encima de la rodilla, un tanto escotado. Buscó unos tacones que le hicieran juego y se vistió. Había decidido no pasar ese día en la casa, incluso había decidido no regresar en ningún momento de ese día, pasaría la noche afuera en cualquier motel que encontrara en el camino. Ya vestida y con sus tacones buscó un bolso de mano y tiró dentro de él algunas prendas de vestir, dos blusas, un jean, unas botas, ropa interior sensual que no le mostraba a nadie desde hacía un buen tiempo. Con el bolso preparado sólo le quedaba maquillarse un poco para ocultar las ojeras. El resultado fue bastante bueno, al menos no lucía como una mujer fracasada. Buscó las llaves del carro, y justo al verlas en la gaveta de la cocina titubeó antes de agarrarlas, pensó que sería mejor pedir un taxi. Le pagaría por ir sin rumbo, salir de la ciudad tal vez, o quizás pagaría la carrera para llegar la estación de trenes.

Llamó a la línea que conocía y se sentó en el jardín a esperar. Pasó un rato, lo suficiente para que recordará los primeros días de su matrimonio, alguna vez fue feliz. El claxon del taxi la sacó del sueño, ella agradeció esto porque no quería profundizar en nada más, al menos no por el resto del día. El taxista le preguntó “¿A dónde desea ir Sra. Farrás? a lo que Sofía contestó “es Sra. Gijón, y quiero ir a la estación de trenes”. Horas después, hacia el anochecer, la casa de Sofía se llenaba en la oscuridad. Sus amigos habían entrado con la ayuda de su hermano. Sus padres, vecinos y colegas estaban en la penumbra, algunos escondidos bajo la mesa, otros ocultos entre las cortinas. Esa noche Sofía nunca apareció, Diego, su esposo, tampoco.

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El es Pinocho, uno de mis bellos. Le tiro besos, le canto canciones, hago dibujos de él, le tomo fotos y dejo que se afiele las uñas en mi ropa, se acurruque en mis sábanas o muerda mi laptop. El puede hacer lo que quiera. Es uno de mis amores.

mi primera japonesita

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Desde hace unos días comencé a ver el anime “Gantz” por recomendación de @algarcia, y desde ayer estoy leyendo el manga. Me ha parecido muy bueno. Pero el motivo real por el que me atreví a dibujar esta muñequita es porque simpre me han gustado los dibujos japoneses y sus exageradas formas. Estoy segura que cualquier purista dibujante de manga destrozaría este boceto porque no mantengo ninguna proporción y no apliqué los brillos y texturas propias del cabello o de los ojos, aún así es mi primer experimento y estoy bastante contenta con él.
Esta chica se llama Sophie, tiene 21 años y es copa F (porque sería aburrido que fuera una chica normal), pronto la dibujaré con ropa y siendo discreta… por hoy es sólo un regalo para @algarcia quien me ha vuelto a meter en el mundo del anime.

1 añito humano, varios de gato

Es increible la rapidez con la que crecen los gatitos. Meses atrás John era del tamaño de mi mano, ya hoy esta cumpliendo un año y es un gato adulto. Me gusta ser su humana.

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un par de dibujos

Hoy quise dibujar un rato, salieron varios bocetos y me dediqué a darle más forma a estos dos. En el primero usé un bolígrafo “pelikan” 0.2 y portaminas y el segundo sólo portaminas porque mis bolígrafos “pelikan” tiraron la toalla y dejan de darme su hermosa tinta.

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Me gusta dibujar, me gusta trazar lo que esta en mi mente y lo que es “real” sobre un papel.

Radiohead

Creep

Radiohead es sin duda una de mis bandas favoritas. Su música, sus mensajes, su estilo, su tranquilidad han sido factores que han influenciado mi vida. Así como hablamos de libros de cabecera, podríamos decir que Radiohead para mi es una banda de cabecera también.
No sorprende que los chicos de esta agrupación sean británicos, pues esa tierra fué bendecida con grandes músicos amantes del rock.

Conocí a Radiohead en 1998 a través de mi hermano. Él copió su música en mi computadora y entre las canciones sueltas estaban “Creep”, “Karma Police” y “No Surprises”. Pasé un tiempo escuchándolas y aunque al principio no entendía las letras era evidente el mensaje depresivo que contenían. Al ver el video de “No Surprises” y hacer la traducción la banda entró en mi categoría “música para suicidarse”, basta ver el video y pensar en la línea “this is my final fit, my final bellyache” para sentirlo así.

La interpretación que le doy a las canciones de la banda son diversas, hay muy poca alegría, aún así las disfruto, son placenteras, pues la tristeza puede ser reconfortante. La voz de su líder, Thom Yorke, es una delicia. Durante años pensé que era una idea genial tatuarme en la espalda esa estrofa de “Creep” que dice:

I don’t care if it hurts
I wanna have control
I want a perfect body
I want a perfect soul

Aún lo creo… aunque estoy segura de que no lo haré.

Hoy hablo de esto porque nuevamente he caido en el vicio de escuchar esas viejas canciones, y nuevamente he vuelto a pensar en ellas, ya no como la adolescente que usaba pulseras negras, se pintaba las uñas de negro y pensaba en que cosa sería el amor o si valdría la pena encontrarlo, sino como la mujer que muchas veces actua por impulsos. ¿Quién no se ha sentido alguna vez fuera de lugar, quién no ha pensando en el final de la existencia, quién no se ha sentido “extraño” frente a alguien realmente especial? Y si, Radiohead sigue haciendo el mismo efecto depresivo en mi, pero vale la pena la experiencia, aunque no se la recomiendo a suicidas.

Hay datos muy interesantes regados por ahí sobre la banda… lean sobre ella.

Radiohead Wikipedia
Web Oficial de Radiohead
Creep Wikipedia
No Surprises Youtube

mis gatitos

Adoro a mis gatos y pocas cosas me importan tanto como ellos. Se llaman John y Pinocho. Ambos tienen menos de un año y cumplen en junio. Ambos tienen antifaz, son grises aunque uno es mas oscuro que el otro. Me llena de paz y alegría verlos jugar.  Sé que ellos también me quieren.

johnelgato

pinocho

fotos -> John y Pinocho

Me gusta la palabra “sensual”, es una palabra de adultos aunque tiene un aire cursi. Hoy pensaba que llevar unos tacones y unas medias panties (es más que “sexy”) es sensual. Me gustan ambas cosas.

sensual

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